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BIID (Body Integrty Identity Disorder)
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Autor:  GaahlgO))) [ Mié Mar 15, 2017 7:49 pm ]
Asunto:  BIID (Body Integrty Identity Disorder)

Volvi a las andadas...

Les dejo una historia q escribí

BIID

Desde que nací, siempre me sentí extraño con mi cuerpo. Tal vez, debería haber nacido mujer, quien sabe? Mi DNI dice Pablo Martinez, el espejo Natacha.
Hace 18 años, mi padre me tuvo en sus brazos emocionado por su primer hijo, hoy sus ojos desean que nunca hubiese nacido. Desde chico jamás me sentí cómodo con mi cuerpo, era como si mi alma se hubiera extraviado en el viaje equivocándose así de recipiente orgánico.

El primer acercamiento que tuve a esta idea, fue cuando a los 5 años empecé a jugar con los maquillajes de mi madre. Recuerdo que un día me encontró jugando con sus zapatos, no olvido mas el escozor en la piel luego de la cachetada q me dio. Que excitante que fue ese momento, por primera vez sentía algo verdadero.

Ese momento fue uno de los más excitantes que vivi, el despertar de mi ser.
Luego, cuando cumplí 8 años, conocí el placer. Me peleaba a diario para poder sentir esa sensación de antaño. Un día, me pelie con un chico del ultimo grado, el tenia 12 años recuerdo. Era mucho mas grande que yo, nos peleamos al terminar la jornada en una plaza. Yo trate de pegarle pero fue en vano era mucho mas robusto que yo. Me arrojó dos golpes q impactaron de lleno en mi cara. Resultado dos dientes menos, boca inundada de sangre y si, un escalofrío orgasmico recorriendo cada célula de mi cuerpo, escupiendo sangre me colgué de su cuello y meti dos dedos dentro de su boca, no se que me llevo a eso, creo que fue un impulso divino, el mordio tan fuerte que me arranco una falanges de cada uno. Gemí de placer, extasiado lo enfrente, el me observaba horrorizado, quiso irse corriendo, pero tropezó, intentó escupir mis dedos ya transformados en carne, lo bese con fuerza para absorber todos los trozos de mí inundados en sangre. Fue uno de los momentos más hermosos de mi vida, pero como todo lo bueno duro poco, entre en shock por la perdida de sangre y me desmaye.

Desperté en una camilla, triste, porque el éxtasis había abandonado mi cuerpo.

Desde ese momento mi vida fue una transformación constante, a los 12, empecé a vestirme de mujer, comencé a ser el juguete preferido del sádico de mi preceptor, quien flagelaba mi intimidad al mismo tiempo que mutilaba sutil mente mis extremidades, este me filmaba, mientras cortaba poquito a poquito los restos de dedos que me quedaban. Amaba sentir que mi cuerpo se purificaba y perfeccionaba con cada trozo impuro que arrancaba.

Mis padres aun no notaban mi transformación. A poco de cumplir trece años, me entere de la peor manera que mi preceptor grababa y vendía videos sobre nuestros encuentros en internet. Cuando digo que me entere de la peor manera, es porque mi papa, hasta ese entonces un tipo recto y conservador, era un consumidor de pedofilia extrema. Y en unos videos donde era sometido y mutilado, me reconoció y simplemente me pidió que me fuera de la casa.

Mi cabeza solo pensó, como si vio mis videos, no le gusto? Acaso soy demasiado imperfecto para él? Llorando, fui hasta su caja de herramientas donde tenía un machete que usaba para terminar la poda de los árboles que teníamos en el fondo. Sin dudarlo corte de cuajo mi imperfección, la mano que mutilaba mi preceptor. La corte porque sabía que eso era lo que mi padre detestaba de mi cuerpo, porque yo también lo veía así, de tantas mutilaciones ya no era mi mano, y el que tenía el machete ya no era yo. La sangre inundo mi vista y otra vez, el shock, el vacío.

Me desperté de nuevo en la guardia, ya con un muñón en el lugar del corte, me encontré rodeado de gente, policías, mi madre desconsolada, una asistente social, escuche periodistas en la puerta. Todo por causa de que mi padre, era consumidor de una red de pedofilia donde uno de los productores era mi preceptor. Cuando la fiscal me vino a interrogar, mi madre no podía escuchar mis palabras y se desmayó. Conté todo lo que hacía con el preceptor, pero no entendía porque lloraba mi mama, yo solo disfrutaba, me sentía vivo. Quisieron internarme pero me escape de casa. Ese día Pablo Murió y Natacha surgió de las heridas.

Durante los siguientes 4 años, me dedique a buscar el placer entre los impulsos más extremos, pero no hubo caso, no podía lograr que algo me estimule y sobre todo, no conseguí quien me haga sentir viva de nuevo. Pero todo cambio cuando conocí a Luciano.

Luciano Fernando Suarez, de 40 años, fue el anestesista de la clínica donde me hice mi cirugía número 24, apenas cumplía 17 años, el me reconoció por mi nombre. La noticia de la red de pedofilia dio vueltas por el país, para asombro y asco de unos, para curiosidad y ansia, de otros. Entre estos últimos, se encontraba Luciano. Movió cielo y tierra para saber quién era el chico que le había encendido los más bajos instintos y perversiones.

Él me dijo algo que me conmovió en lo más profundo de mi alma, “puedo Purificarte, sacar tus imperfecciones”. Me entregue a él, una relación de sadismo, placer y una búsqueda eterna por la perfección. Vivía encerrado en su casa, había montado una sala donde me realizaba los cambios que yo quería, como tenía acceso a instrumentos quirúrgicos y bastante habilidad con el bisturí, podíamos hacer lo que quisiéramos.

Cada día me levantaba de la cama y me veía algo que quitar, algo que me eran ajenos a mi cuerpo. Nuestros encuentros sexuales, eran grabados y vendidos en una página de la conocida Deep Web. Yo estaba extasiado, pero todo termina.

Alguien denuncio el último video, alguien quiso profanar mi acto de Perfección. Luciano me había realizado un cambio de sexo, y con mi miembro realizo un video erótico, un acto de metamorfosis perfecto, sublime, manchado por la incomprensión de un impuro. Esta denuncia hizo que la interpol llegar a nuestra casa, encerrándonos, a Luciano en un calabozo, lugar donde se suicidó poco después y a mí en un instituto psiquiátrico.

No podían entender mi transformación, como yo acepte sacarme las partes impuras de mi cuerpo, las ajenas. Miraban con asco, mis hombros sin mis brazos, mi torso sin mis piernas, y completa falta de genitales. Yo me miraba con orgullo. Cada día que el enfermero venía a bañarme, temblaba de placer, ya que podía ver como sus manos, recorrían la perfección de mi cuerpo.

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